El relato que narro a continuación es una historia verídica que me sucedió el año pasado, mes diciembre.
Vivo en México, D.F., tengo 39 años, soy moreno claro, de condición física delgada, de 1.75 de estatura, peso 70 Kg. y una afición grande por las mujeres maduras. Cuando miro una mujer madura que me llama la atención, rápido se me pone la pija súper dura y me lleno mucho de excitación.
Siempre me ha llamado la atención cogerme a una vecina, siempre que la miro me excita y es tanto la excitación, que tengo que satisfacerme yo mismo con una riquísima paja. Mi vecina se llama Lupe, una morena de 55 años, con unas piernas antojables, unas tetas súper duras y un culo enorme, adornado por una diminuta tanga que por lo general usa.
Como dije anteriormente ella me excita mucho, que cuando voy a visitarla a su casa, he tenido la oportunidad de ver su dormitorio y en una ocasión accidentalmente vi su cajón donde ella guarda su ropa interior y les soy honesto, me robé una tanga para soñar y fantasear con ella, (por supuesto eso lo hago sin que nadie me vea).
La otra vez, mi amigo, que es uno de los tres hijos que mi vecina tiene, me invitó a quedarme una noche en su casa, ya que íbamos a ver una película tomarnos unas copas y no me daba tiempo regresarme a mi casa debido a que ya era muy tarde. Yo acepté la invitación, y después de ver la película nos fuimos a dormir, yo me dormí en el mismo dormitorio que mi amigo.
Como a eso de las 2:00 de la madrugada me agarraron ganas de orinar, así que me levanté y me dirigí al baño, pero cuando llegué al baño oí unos gemidos que venían del dormitorio de mi vecina y su esposo, yo con cabeza llena de morbo me fui acercando poco a poquito sin hacer nada de ruido, cuando llegué, pegué rápido la oreja a la puerta, y escuchaba que mi vecina gemía de placer porque de plano su marido la estaba cogiendo de lo lindo, en ese momento se me puso la verga como que fuera piedra, y de estar oyendo tanta excitación que había detrás de aquella pared, me empecé a pajear porque ya no aguantaba la excitación.
Como a los tres minutos de estarme pajeando me corrí, que toda la leche que saqué se derramó en el calzoncillo.
Pasé días pajeándome, debido a lo que viví aquella noche, pensando y fantaseando en que yo me cogería alguna vez a mi vecina. Bueno, mi atracción por las mujeres maduras era todavía más grande, hasta que un día llegó a la casa una amiga de mi madre llamada Teresa, es una morena, de tal vez 58 años, es un poco gordita, pero tiene también un enorme culo y unas tetas que, Mmm riquísimas, después de algunas pláticas me pidió permiso para entrar al baño el cual yo le dije que con mucho gusto.
Cuando ella entró y cerró la puerta del baño, yo me toqué la verga y me la empecé a mover, porque tan solo verla me imaginaba mil fantasías con ella. Pero poco me duró el estarme tocando la verga, porque ella rápido salió del baño y se dirigió otra vez hacia la sala a sentarse otra vez, y seguir con la conversación. En eso de la nada abordamos el tema de la sexualidad, en el que ella aprovechó para decirme de que su marido ya no la satisfacía sexualmente, y es por eso que ella siempre buscaba a alguien que si lo hiciera.
Cuando me dijo eso sentí que estallaba de excitación, y tomé valor para decirle lo mucho que me atraían las mujeres maduras, y le empecé a contar las fantasías que tenía con mi vecina, en eso ella se paró y se dirigió a donde yo estaba sentado y me puso la mano en la pija, que por cierto estaba súper parada, y me dijo que para que estaba fantaseando si lo podía hacer realidad con ella.
Yo al ver que ella me agarró mi excitada pija, le puse las manos en las tetas y se las empecé a manosear por encima de la ropa con aquel placer. Ella me sacó la pija de mi pantalón, y me la empezó a pajear y al mismo tiempo a chupar. Al cabo de unos minutos de estármela chupando ya no aguanté y me corrí, manchándole toda la mano con mi leche. Mi verga, a pesar de la gran corrida que había hecho, seguía súper dura y bien parada. Fue cuando ella se quitó la blusa, dejando ver sus grandes tetas. Yo seguía sentado en el sofá admirando tan rica mujer. Ella se volvió a agachar y me metió la verga en medio de sus tetas y las empezó a apretar haciéndome una paja rusa.
Después se levantó la falda ajustada que llevaba y se quitó la rica tanguita de color negro, se sentó en el sofá abriendo las morenas piernas y dejando ver aquella vagina (muy peluda por cierto), pero bien trabajada. Empecé a meter mi lengua en tan lubricada vagina y ella empezó a gemir y a dar brincos de placer, porque yo le pasaba la lengua desde el clítoris hasta el hoyo del culote rico. Ella misma agarró mi polla y me dijo que se la metiera porque ya no aguantaba, yo se la empecé a clavar suavemente y después a cogérmela con movimientos rápidos y duros. Ella estaba acostada en el sofá y yo encima de ella cogiéndola ricamente.
De repente se voltea y se pone en cuatro y me dice que la penetre por el culo, cosa a al cual yo le hice caso y dándole un beso en el culote rico, se la metí, al grado que ella gritó de dolor, pero después gritaba de placer. Mientras yo la cogía por el culo, ella se metía tres dedos en su cuevita, dejándosele venir un tremendo orgasmo. Pasaron varios minutos para que yo me corriera otra vez, cogiéndomela por atrás y por adelante.
Hasta que al fin, ya no aguanté y me corrí adentro de su vagina, para ese momento ella ya había tenido ya tres orgasmos. Me saqué la cansada verga, y ella la empezó a chupar de nuevo limpiándome toda la leche que quedaba en ella. Ella se vistió, quedando satisfecha y diciéndome que lo había hecho mejor que su marido y que el marido de mi vecina. Ella me empezó a contar que mi vecina también era una puta, y que le gustaba coger por atrás, cosa que yo no sabía y me hizo imaginarme muchas cosas.
Al cabo de unas semanas después de mi gran experiencia con Teresa, me consiguió una cita para que mi sueño se volviera realidad, coger con la puta de mi vecina.
Hasta la fecha he cogido con las dos.
Solo pido que voten este relato…


