Después de leer algunos relatos que me han parecido por demás interesantes y cachondos, es que me he decidido a contar mi propia historia, la cual espero sea de su interés y también sirva de desahogo para mi, ya que aún cuando no me arrepiento de nada a veces por las noche me asalta una ligera sensación de culpabilidad.

Soy mexicano, tengo 37 años y viudo desde hace dos años, ya que mi esposa murió en un accidente automovilístico. A mi esposa la conocí en una fiesta a los 17 y me casé con ella 1 año después. Creo que algunos intuyeran lo sucedido, pero bueno, lo importante es que hace dos años vivo solo con mi hija de 18 años Paty, la cual es la protagonista principal de mi historia.

A partir de la muerte de mi esposa, Paty y yo empezamos a distanciarnos, ella prefería la mayor parte del tiempo estar con sus amigos de la escuela que con la familia. Ella cursa actualmente el 4to año de preparatoria, lo cual para su edad es muy avanzado, por lo cual la mayoría de sus amigos y amigas son mayores que ella.

Mi pequeña tuvo un desarrollo muy rápido, por lo cual a los 17 años ya mostraba características de mujer, ni decir ahora con sus 18. Yo nunca había reparado en mi hija de esta forma, hasta que por la situación de vivir solos, el verla desnuda cuando tenemos que compartir el baño por las mañanas y cuando se viste, me hicieron poco a poco darme cuenta de sus atributos Paty es de estatura media, su piel es morena clara y cuenta con unas bellas piernas muy bien torneadas gracias a las clases de ballet que lleva de pequeña. Su complexión es más bien atlética, en la cual sobresalen sus bien formadas caderas y sus senos, los cuales me impresionan por que a pesar de su gran tamaño se mantienen perfectamente levantados aún con corpiño. En verdad nunca pensé en mi pequeña más allá de admirarla como una mujer bella y de buenas formas, hasta el día en que ocurrió la historia por contar.

Ese día como muchos otros habíamos discutido acerca de la salida a una fiesta con uno de sus amigos que no me agradaba mucho, yo insistía en que me acompañara a una fiesta que le organizaban a su abuela, pero ella se resistía a visitar a la familia en vez de salir con sus amigos. Como siempre, ella ganó la discusión y se fue a la fiesta con la promesa de que llegaría temprano.

Yo fui a la fiesta de la familia de mi esposa solo por cumplir y regresé a las pocas horas, como no me encontraba de humor para la televisión traté de dormitar un poco esperando la llegada de mi hija. Alrededor de las 12 AM escuché el sonido del automóvil del amigo de mi hija en la entrada de la casa y esperé que entrara. Pasaron cerca de cinco minutos y no escuchaba la puerta de entrada, por lo cual procedí a asomarme por la ventana a ver por que no entraba. En ese momento reparé en que la luz del cuarto se encontraba apagada y que Paty seguramente pensó que la fiesta de su abuela había resultado un éxito y que yo no llegaría sino hasta más tarde.

Por esta razón me asomé con la luz apagada, escondido, tratando de no ser visto, y me encontré con un espectáculo difícil de creer, vi a mi pequeña, sin camisa y en los brazos de su amigo, se besaban frenéticamente y el pasaba sus manos por todo el lindo cuerpo de mi hija. Era algo que no podía soportar y que me hizo pensar en bajar y darle su merecido al estúpido ese. Pero algo en mi me detuvo y me quedé viendo el espectáculo.

El amigo de mi hija siguió besando el cuerpo de mi pequeña desde el cuello y hasta sus tetas, las cuales se veían más grandes que nunca, ya que sus pezones se encontraban más que parados. Era una visión divina. El muchacho llevó su mano hacia las piernas de mi hija y comenzó a realizar un movimiento circular, por lo que pude asumir que se encontraba disfrutando de la delicia de la conchita de mi hija. Para ese momento mi verga ya tenía una erección muy digna.

Seguí observando el faje que tenían mi hija y su amigo, la serie de besos y caricias que se repartían mutuamente hasta que de repente se separaron, pero no había terminado todo, con un rápido movimiento el bajo sus pantalones, tras lo cual mi hija se colocó de lado y empezó a comerse su verga sin mayor miramiento, yo solo veía como la cabeza de mi hija subía y bajaba rápidamente e imaginaba como se la comía y por primera vez en la vida deseé ser yo el que estuviera en tan maravillosa situación.

La mamada no duró mucho tiempo ya que él impulsivamente la levantó y empezó a besarla al mismo tiempo que intentaba cambiarse de asiento y montarse sobre mi pequeña. Al parecer esto no le pareció a mi hija por lo cual después de algunos forcejeos logró regresarlo a su lugar, tras lo cual empezó a buscar su ropa y a vestirse. Con un portazo terminó mi espectáculo.

Yo que para ese momento tenía una excitación bestia, regresé a mi cama por si ella pasaba a cerciorarse de que yo no estuviera en casa dormido. Escuché cuando entró y rápidamente y sin fijarse en mi cuarto entró al suyo y se encerró. Traté de dormir pero el recuerdo de mi hija y sus jugueteos sexuales no me dejaba, por lo que decidí que tenía que desbordar todo mi deseo y decidí masturbarme lo antes posible. Para tal efecto me dirigí al baño, ya llevaba mi instrumento en la mano, listo para que doña Manuela me quitara esa calentura.

Sin hacer ruido, abrí rápidamente la puerta del baño y cual fue mi sorpresa de encontrar ahí a mi pequeña, la cual se encontraba totalmente desnuda y masturbándose con una verga de plástico inmensa (de este juguete y la primera vez que lo conocí les hablaré en otra historia). La sorpresa de mi hija al verme también fue grande y por un momento los dos nos quedamos callados con nuestras respectivas vergas en la mano.

Ella fue la primera que dijo algo, Papi, ¿a que hora llegaste?. Yo azorado por la visión que tenía no podía responder. De esto se dio cuenta mi pequeña y sin mayor aspaviento, me preguntó: ¿Te gustaría verme masturbándome?, lo que pasa es que el imbécil con el que venía me dejó muy caliente.

De nuevo yo no atiné a decir palabra, por lo cual Paty continuó con su juego de meter y sacar su gran verga de plástico. Yo ni que decir con la vista de mi hija desnuda y masturbándose empecé a sentir calor por todo mi cuerpo y mi verga empezó a tomar un tamaño como nunca la había visto.

Vi como Paty puso su vista en mi miembro y dejando su verga de plástico, se acercó a mi de rodillas hasta quedar enfrente de mi sexo, tras lo cual procedió a metérselo todo en la boca. Empezó con un movimiento cadencioso para meterlo y sacarlo mientras que con su manos me acariciaba mis pelotas y mis nalgas, era algo indescriptible ver a mi hija mamármela con maestría.

Ella dirigía de repente su vista hacia mí y me mostraba como podía comerse todo mi miembro de un solo bocado. Yo rápidamente llegué a mi clímax, teniendo una venida descomunal la cual fue a dar directamente a la garganta de mi pequeña y terminó desbordándose por su boca.

Ella se levantó y me tomó de la mano llevándome hacia mi cuarto en donde se colocó sobre la cama en cuatro patas y me dijo:

-Ahora te toca a ti.

Tras lo cual empezó a moverse de una forma cachondísima e invitante. Decidí continuar con el juego y comencé a lamer sus piernas acercándome poco a poco a su sexo, el cual se encontraba totalmente húmedo y despedía ese olor maravilloso que tienen las mujeres cuando están calientes. Llegué por fin a su sexo y comencé a lamerlo todo bebiéndome así sus jugos, ella reaccionó gritando extasiada y moviéndose cada vez con un ritmo más acelerado.

Rápidamente sentí como todo su cuerpo comenzaba a estremecerse y me pidió introdujera mi dedo en su vagina para poder terminar. Yo reaccionaba a sus órdenes y decidí obedecer, solo que no metí uno sino tres dedos en su cosita, a lo cual ella reaccionó con un ligero quejido que no impidió que siguiera con su venida.

Después de esto y con la respiración todavía cortada ella se levantó, me dio un gran beso y se fue a su cuarto. Yo como un idiota me quedé ahí, reprimiendo esas ganas de seguirla y hacerle el amor con todas mis fuerzas.

Desde aquel día no hemos comentado nada, pero cada vez que la veo recuerdo ese momento. No se que hacer, al fin de cuentas es mi hija.