El diario íntimo de mi mujer
Mi esposa es una mujer bastante atractiva pese a sus 40 años y a los 3 hijos que tenemos. Es alta, delgada y tiene una figura bastante apetecible por lo que no es extraño que los hombres la miren cuando vamos por la calle, y especialmente en la playa. Isabel, siempre ha sido una mujer más bien seria, nunca le gustó llamar la atención y siempre mantenía un aura de timidez propia de una mujer casada.

En el sexo, Isabel era más bien pasiva. Aunque le fascinaba que le practique el sexo oral, nunca puso mucho énfasis en hacérmelo ella a mí ya que decía que no le llamaba la atención y en realidad no le gustaba el sabor del semen. A mi eso no me importaba mucho ya que nunca lo eché de menos por que a falta de ello, nunca desarrollé un gusto particular por ello.

Siempre vivimos una vida normal de pareja, los amigos, los hijos, las salidas a cenar y luego ocasionalmente un polvo que para nuestra edad estaba bastante bien, o eso pensaba yo. Un día, una amiga de la infancia de Isabel la llamó muy afligida. Su marido, le había pedido el divorcio prácticamente sin aviso previo y esto le había afectado muchísimo. Isabel se ofreció a irse a su pueblo a pasar unos días con ella para tratar de consolarla y ayudarla con sus hijos que eran aún pequeños. Como los nuestros son más bien mayores, yo accedí a que Isabel se fuera con su amiga sin pensarlo mucho, ya que no era la primera vez que mi mujer se iba por unos días a pasar fuera de casa.

Hace unos meses, Isabel tuvo que ingresar al hospital para ser operada de urgencia de cálculos en la vesícula. Al haber sido una operación no planificada, tuve que ser yo quien le llevara su bolsa de aseo al hospital por lo que me vi obligado a buscar entre sus cosas, cosa que normalmente no suelo hacer. Mientras buscaba en sus cajones, la suerte o la desgracia quisieron que encontrara su diario. Una libreta más o menos grande con muchas páginas escritas con su puño y letra y que abrieron para mí un conocimiento de ella el cual nunca hubiera imaginado ni en mis más íntimos sueños.

La historia que os voy a relatar sucedió mientras Isabel visitaba a su amiga, pero no es ni la primera ni la más erótica aventura de mi cándida mujer. Lo que sigue a continuación, es más una trascripción detallada de su diario, y empieza así. Llegué al pueblo temprano por la mañana de un día viernes. El día transcurrió sin mayor evento y fue más bien una oportunidad para que las dos renováramos los vínculos de amistad que compartíamos desde hace mucho. Por la noche, decidimos salir a cenar a un pueblo vecino para disfrutar de una noche veraniega y para que Antonia olvidara un poco lo que le había sucedido.

Llegamos al restaurante como a eso de las 9 de la noche. Había poca gente aún y nos acomodamos en una mesa ce parecían unos tíos majetes, aceptamos sin pensar que podría pasar nada. Una cosa llevó a otra y entre conversación y conversación nos dio la media noche. El ambiente del bar estaba poco animado y Pablo sugirió que fuéramos a otro bar a tomar algo, dijo que ahí aparte de tomar copas se bailaba música latina, que era una cosa que me gusta mucho.

Entre baile y baile, tocaron una canción suave y Pablo me pidió bailar. Aunque no acostumbro a bailar pegado con nadie más que con mi marido, no me pareció que había nada malo en hacerlo y acepté. Mientras bailábamos, Pablo posicionó su cuerpo de manera que su pierna quedó entre las mías, imagino para prevenir que su pene rozara con mis partes íntimas, pero eventualmente esto cambió y terminamos frente a frente rozándonos y sintiendo su pene erecto contra mi vagina El sentimiento que esto me producía es indescriptible.

Hacía mucho que no me excitaba mientras bailaba y sentía que mi vagina se humedecía más y más a medida que Pablo me rozaba con su pene. Cuando la canción terminó, nos sentamos y nos miramos como mudos testigos de lo que había pasado. Antonia y Juan habían salido a dar un paseo, por lo que Pablo aprovechó para pedirme que saliéramos también.

Cuando salimos me agarró de los hombros, me dio la vuelta y me besó apasionadamente. No pude resistirme, y le seguí el juego. Me pidió que fuéramos a su coche, y yo sin pensar accedí. Ya ahí, sentados en el asiento de atrás, nos besamos mientras él acariciaba mis pechos. Poco a poco descendió hasta mi vagina, me apartó las bragas y exploró con sus dedos mi vulva y el clítoris.

Empezó a acariciarme toda y yo sentí que estaba a punto de correrme. Sin pensar, bajé su cremallera, me agaché e introduje en mi boca su duro pene que parecía palpitar de excitación. Se la chupé hasta que explotó en mi boca, y sin pensármelo dejé que eyaculara en mí.

Me tragué hasta la última gota de su semen que tenía un sabor salado y dulce a la vez. Aunque sentía la urgencia de que me penetrara, no lo permití esa noche por no llevar protección y por no estar en el lugar indicado. Pero le di mi móvil y él prometió llamarme.

Me gustaría destacar que cuando mi mujer volvió de este viaje, me dio por primera vez la mejor mamada de mi vida. Tal fue mi sorpresa que al tratar de sacárselo de su boca antes de eyacular, no me lo permitió y me pidió que le permitiera tragárselo. Por supuesto, a ese punto yo no tenía conocimiento de las aventurillas de mi mujer. Mientras más leo el diario, más cosas empiezan a tener sentido. Prometo seguir compartiendo.