Yo ya comenzaba a cansarme de mi relación en pareja, cuando publiqué por Internet este post. Días después el mail tenía un mensaje: - Hola, me llamo Andrea, tengo 59 años y soy viuda. Estoy algo regordeta, pero puedo ofrecer mucho. Agrégame.

Tardé un instante en agregar su dirección en Messenger, cuando la vi activa.

- Hola, veo que te ha interesado la propuesta. - Es que hace mucho tiempo que no tengo sexo. ¿Cuántos años tienes? - 20 - Podría ser tu madre. No creo que te interese. - ¿Por qué no? A mi me gustaría probar con una madurita. - ¿En serio? - Si, claro. Tienes cam? Ponla.

Me conectó su cámara y vi como la colocaba en posición.

- Eres guapa para tu edad. - ¿Eso crees? - ¿De dónde eres? - Barcelona, Gracia. - ¿Entonces…te interesa quedar con un chavalín? - Eres muy atrevido para tu edad.-me dijo. - Tú para la tuya, tampoco te cortas. ¿Te parece buena idea, pasar un rato conmigo? - Primero tengo que verte. Conecta tu cámara.

Así lo hice. La conversación fue rutinaria hasta que comenzamos a animarnos.

- ¿Hace mucho que no tienes sexo, verdad?-le dije - hará unos 6 meses, estoy que ardo. - Mmm…. ¿puedo ser un poco picante? - Según. - ¿Cuánto te miden los pechos? - Uso una 100. - Me encantaría tocártelas.

Así comenzó la cosa. Yo estaba calentísimo, cuando ella con una sonrisa pícara se levantó, y se abrió la camisa de botones. Le dije que si me podía enseñar más, y se desabrochó el sujetador.

- ¿Te gustaría que te comiese el coño? - ¿Harías eso por mi? - Me encanta comer coños.-agregué.- si quieres, esta noche quedamos.

Le di la dirección de un apartamento por horas en Barcelona centro, y quedamos después de cenar. Cuando acabé, cogí la moto y me esperé en la puerta del apartamento. El recepcionista recibió mis instrucciones: - dentro de unos minutos llegará una mujer preguntando por Alberto. Dile que pase a mi habitación.

Acondicioné la sala y llené el Jacuzzi con agua templada y espuma. Me desnudé y me introduje en él. Un cuarto de hora después de mi llegada, la puerta comenzó a abrirse, y la vi.

- Señora, pase.-Le dije.- póngase cómoda. ¿Podría acercarse aquí?

En un principio se me quedó mirando como si fuese un crío, se acercó al Jacuzzi. Llevaba una falda y una camisa de botones como antes, pero se veía que no llevaba sujetador.

- ¿Me puede pasar la toalla?

La toalla estaba encima de mi cabeza, en un costado del Jacuzzi. Para poder llegar a ella tendría que apoyarse en un lateral, dejando su entrepierna a mi merced. Cuando comenzó a recostarse, mi mano mojada acarició sus piernas por los muslos, y ella se demoraba en coger la toalla.

- ¿Estás seguro de esto?- me dijo.

Yo, con una sonrisa, deslicé la mano hacia su vagina, y moví a un lado su culote. Estaba húmeda, y ahora más. Era increíble tener una mujer madura, regordeta, con unos pechos tremendos, recibiendo entre su falda un par de dedos en su vagina. Mi polla estaba al estallar. No podía resistir aquel olor a hembra y de un tirón, y empapándola, le bajé la falda.

- Vete quitando la camisa, que yo me encargo de aquí abajo.

Llevaba un culote negro que podía servir de paracaídas, pero una mancha en la parte inferior hacía aquella prenda la más preciada para mí en el mundo. Como quería que durase la cosa, mientras ella se desabrochaba los botones de la camisa, yo le quité el culote, tenía ganas de comérmela ahí mismo, pero decidí esperar.

Miré arriba y vi aquellos pechos despampanantes. Ya no pude más. Me salí del jacuzzi, me incorporé con la polla como un asta de bandera y me agarré a ella. Estuve unos segundos manoseándola, y ella comenzó a gemir cuando mi pene rozaba su vagina, cuando me comenzó a entrar frío.

- Vente al jacuzzi conmigo.

Yo aún estaba cubierto de una capa de espuma, así que no me había visto por completo bien, cosa que debió darle morbo, porque una vez nos tumbamos cada uno en una parte del jacuzzi, sus manos buscaban algo donde agarrarse, y zas, encontraron mi pene enhiesto.

- ¿Estás depilado?- me dijo. - Si, más o menos, me dijo mi novia que lo probase… - Podrías haberme dicho algo, yo no me he depilado. - No me importa, me gustan los pelos.

Mientras le decía esto, me puse de rodillas y ella también, y comenzamos a hacernos una paja tremenda bajo el agua. Se la veía una experta, pero con cierta desconfianza. Estaba a punto de correrme, no podía más. La cogí de las manos, y la estiré hacia mí, quedando alrededor de mis piernas.

¡Que gusto notar aquellos labios vaginales inmensos recubriendo la parte frontal de mi pene erecto! Tenía unas ganas de hincársela tremendas, pero me tuve que contener, pues en ese estado sería meterla y acabar. Estuve con ella encima un rato, sobándole las tetas. Prefería no fijarme en la cara mucho, porque se la veía estropeada. Ella se iba moviendo con suavidad, cuando se la comenzó a meter. Yo la detuve.

- Levántate. - ¡Quiero que me la metas ya! - Pues va a ser que no. Levántate y enséñame tu coño.

Ella se levantó, quedando su coñito a escasos centímetros de mi cara. Y se quedó quieta. Le comenzaba a dar morbo.

- Te he dicho que me lo enseñes, no que me lo dejes quieto delante de la cara. Ábretelo.

Con una sonrisa, deslizó sus manos hacia su vagina empapada de agua y flujos, y comenzó a masajearse el clítoris, y a abrírselo. Le dije que lo mantuviese abierto con las dos manos.

- Ahora vas a ver lo que es que te coman el coño.-

Y me acerqué a ese chochito, comenzando a lamer sus dedos, y solo daba puntadas con la lengua a sus labios vaginales. Me encanta comer coños, es algo superior a mí, no me resistiría a ninguno. Poco a poco comenzaba a rozar con más intensidad y frecuencia sus labios, quité una de sus manos para morder el labio que sujetaba, y sujetarlo abierto yo. Después ascendí en mi zona de contacto, y le lamí, besé y mordí el clítoris, sin dejar de atender a su parte inferior.

- ¡Chico, quieto! ¡Que me corro cabrón! ¡Nunca había estado tan cachonda!

Ante un grito que hasta los muertos escucharon, succioné aquel gran clítoris, y le daba vueltas con mi lengua en el interior de la boca. La muy puta estaba que se moría, soltó su otra mano para cogerme la cabeza y apretarme contra ella, que casi no podía respirar.

- Coño, no pares, que me corro en tu cara chaval. Hijo de puta, ¡como todo lo hagas como comes el coño!

¡A…a….aaaaaaaaaaaa!Y nunca había visto tal cantidad de flujo salir de un agujero. Los labios se abrían y cerraban, mientras yo pasaba la lengua por debajo del clítoris, levantándolo y dándole golpecitos con la punta de la lengua.
Ya me había soltado, y se volvió a meter en el agua.

- Ahora me toca a mi.- Me levanté, con la polla más grande y tiesa que nunca, y ella comenzó a tocarla con las manos.

Un par de pasos adelante y se la coloqué delante de la boca. Tenía ganas de comérmela, pero yo lo iba a hacer de otra forma. Me incliné, le cogí las manos con una de las mías, y con la otra le agarré la boca, y haciendo mofletitos con aquella piel pachucha, le abrí lo necesario la boca, para poder metérsela de un golpe. Pareció atragantarse, pero dos o tres embestidas después, cerró los ojos y comenzó a disfrutar.

Estuve follándole la boca unos minutos, y cuando me iba a correr, solté sus manos, y le agarré la cabeza con fuerza, metiéndosela hasta el fondo, y descargando en su garganta. Hacía esfuerzos para respirar, y como no podía hacer otra cosa, se lo tragó todo.

Después de una mirada morbosa, salimos del jacuzzi, preparados para la siguiente sesión. En la cama, desnudos, me eché boca abajo, y le dije que se pusiese en 69. Estaba tan cachonda que se lanzó encima de mí.

Volví a devorar su coño con la exquisitez anterior, y ella mi pene, pero con dulzura. El segundo orgasmo le tardó en llegar bastante más, y mientras comenzaba a reducir sus gemidos y chillidos, la empujé al frente, me coloqué tras su culo y se la ensarté por el coño de un golpe.

- ¡Cabrón! ¡Que llevo mucho tiempo sin hacerlo! ¿Me quieres matar?

Estaba tan, no se, burro, que cuando giró la cara para decirme esto, empujé su cabeza contra la cama, como para forzarla, y me la comencé a follar con fuerza. Ella solo gemía y decía que parase, que le dolía, pero no hacía esfuerzos de liberarse. Comencé a aflojar el ritmo, y a preparar el terreno: me lamí un dedo, escupí en su culo, y de un golpe le metí un dedo en su ano, y comencé a girarlo.

- ¿Qué haces? ¿Por ahí no pensarás…?

Cogí un bote de jabón que había en el muestrario a mi lado, le eché jabón en el culo y en mis dedos, y se los comencé a meter uno por uno, luego dos a la vez, mientras continuaba follándomela, y echando correones de jabón en el culo, hasta que metí tres y entraban y salían fácilmente. Entonces saqué la polla de su coño, eché un chorreón de jabón en la mano y me lo restregué, y de un golpe se la clavé por el culo.

- ¡Eh! ¿Qué haces? Que nunca me la han met…

Se le cortó la conversación cuando llegó al fondo. Mantuvo la boca abierta mientras disfrutaba del momento. Di unos cuantos empujones más y descargué toda la leche en su culo.