Por suerte gracias a mi trabajo tengo la posibilidad de conocer a señoras con varios años encima, que por cierto son mi debilidad. Aunque no siempre tengo suerte, de vez en cuando se da la posibilidad de conocer más íntimamente a alguna. La mayoría de estas señoras son muy recatadas y piensan que todo lo relacionado a los placeres del sexo terminó para ellas. Casi todas están casadas con hombres mayores que ellas, los que suelen no tocarlas desde hace un buen tiempo. Yo agrego en mi razonamiento que muchos de ellos se deben hacer atender por chicas jóvenes que les deben cobrar bastante bien por sus servicios.
Lo bueno de lo que contaba al principio es que cuando tengo la suerte de que alguna me haga caso, es que se entregan sin mayores miramientos y generalmente gozan del sexo mucho ya que en la mayoría de los casos hace un buen tiempo que nadie las toca.
Este es el caso de Mara una señora de 68 años (si leyeron bien) quien se acercó a mi trabajo por unos temas de inversiones inmobiliarias.
Desde el principio yo fui más que gentil con ella, en realidad lo soy con todas las mujeres mayores, y ella no se quedó atrás. Algo me hizo pensar desde el primer momento en que empezamos a hablar que esta vez la cosa vendría de suerte.
Debo decir que no parece la edad que tiene, pasa perfectamente por una mujer de 58 o 60 años sin problemas. Ella es más bien baja, medirá poco más de un metro y medio, tiene muy lindos ojos y lo que más resalta y a mi me encantó desde el principio fue el voluminoso par de tetas que tiene. Son realmente impresionantes, quizá parezcan más grandes por el hecho de que ella es muy bajita. También tiene un muy lindo par de piernas, que en su juventud deben de haber sido muy codiciadas.
Como siempre el primer día se dio una charla muy amena la cual sirvió para conocernos un poco. Yo le hice varios halagos que no pasó por alto y que devolvió sin cortarse ni por un segundo. Luego pasamos a hablar de negocios. Ella y su marido estaban interesados en comprar un par de propiedades como forma de invertir un dinero que tenían según ella “parado”.
Luego de ver algunas posibilidades quedó en volver otro día para estudiar alguna opción más en profundidad.
Así fue que dos días después estoy atendiendo a un cliente y la veo que entra a la oficina. Venía sencillamente espléndida. Vestía una blusa oscura y una minifalda no muy corta negra. Completaba el conjunto un par de medias negras que daban unas formas más interesantes aún a sus piernas. Cuando por fin me pude liberar del cliente, que por cierto estuvo bastante pesado, me encaminé hacia ella para atenderla.
Me recibió con un beso en la mejilla y un:
- Sos malo, mirá todo lo que me hiciste esperar. - No importa ahora soy todo suyo, por el tiempo que quiera. Contesté yo.
Ambos nos sonreímos y fuimos para mi escritorio. Empezamos a hablar de algunos de los negocios que le habían interesado. Luego de un rato la conversación se derivó a otros temas más personales como ser sobre su esposo, sus hijos y mis cosas. Como forma de prolongar la conversación le dije si le parecía ir a visitar alguna de las propiedades y ella acepto gustosa.
Salimos en su coche y más que viaje de negocios fue un viaje de placer. Desde el primer momento cuando arrancamos comencé a verle sin ningún tipo de reparos las piernas que se ofrecían más descubiertas debido a que la pollera se le había corrido un poco y dejaba bastante para ver. Mis ojos alternaban entre sus piernas y sus tetas que lucían aún más grandes que la vez anterior. Me hubiera encantado tocarlas en ese momento, en medio del tráfico y a la vista de todos. No me importaba ya que me decía a mi mismo que esa par de de bellezas no me lo podía perder.
Ella notó casi enseguida mis miradas y me dijo:
- Suerte que no tenés que prestarle atención al tráfico, sino seguro que ya hubieras provocado varios accidentes. - Es que me encanta ver las bellezas naturales de la zona. Contesté con ganas de ir a más. - ¿Esto es parte de la estrategia de ventas? - No. Esto es parte de mis gustos personales. - ¿Te gustan las viejas? - No. Me gustan las mujeres mayores que yo. - ¿Cuánto más mayores? - No sé.
La temperatura en el auto subió como a 500 grados más o menos y de no ser porque ella cambió de tema estoy seguro que le hubiera propuesto ir a algún hotel de la zona. En pocos minutos más llegamos hasta un apartamento que le interesaba. Subimos a visitarlo y como buen caballero la dejé pasar adelante. De paso le miré un poco el culo, que si bien es un poco chico no estaba mal de forma.
Ella lo notó enseguida, pero no dijo nada. Luego de mostrarle el apartamento nos subimos al ascensor y fuimos hasta la azotea para que viera el paisaje desde allí. Cuando terminó de verla me dijo:
- Bueno, vamos. Ya vi lo que quería ver. ¿Vos viste bien lo que te faltaba ver? - Si y la verdad es que no desentona con el resto. Dije yo ya descaradamente. No me importaba nada más que poder cogerla. Y ella lo sabía y se prestaba al juego.
Esa tarde vimos tres propiedades más antes de volver a la oficina. En el camino de vuelta me dijo: - Hacía mucho que nadie me miraba con tantas ganas como vos. Me hiciste sentir muy bien.
- Puedo hacerte sentir mejor si me dejas - Hay mi amor. Sos un dulce, pero yo soy una señora mayor, casada y olvidada de lo que es todo esto. De todas formas te confieso que además de todo me gustó que fueras tan amable. Y pensar que dicen que los jóvenes nos son tan educados como antes - Lástima. - ¿Lástima qué? - Que no te animes a liberarte un poco y a pasar un buen rato.
Mara sonrió, posó su mano sobre la mía y volvió a agradecerme por mis atenciones. Casi enseguida llegamos hasta mi oficina. Nos despedimos con un beso y prometió pasar nuevamente. Yo quedé bastante caliente, no sólo por el hecho de que Mara me gustaba bastante sino por mi mala suerte ya que si bien se notaba que estaba interesada, le faltaba un poco de audacia para lanzarse y pasar una tarde de primera.
El resto del día pasé pensando que era lo que había hecho mal, como para que Mara no se animara. Quizá me apresuré mucho, aunque ella parecía seguir el tren desde el primer momento.
Volvieron a pasar un par de días hasta que volvió a aparecer Mara por la oficina. Vino con la excusa de volver a ver un par de casas que le habían interesado. Otra vez estaba con la minifalda de la vez anterior y con las medias negras, sólo que esta vez las acompañaba con una blusa elastizada y con un buen escote que hacían que el hermoso para de tetas pareciera aún más grande.
Volvimos a salir en su auto. Al principio yo estaba un poco cortado por lo que había pasado la última vez. De todas formas no perdía la oportunidad de mirarla por todos lados. Todo era bastante formal en la charla hasta que ella soltó:
- ¡Qué malo que sos! ¡Hoy me preparé para que puedas ver todo lo que quieras y vos no me decís nada!
En ese momento pensé que era una histérica que lo único que quería era hacerme calentar y después dejarme bien calentito. Pero de todas formas decidí seguirle el juego hasta ver a dónde llegaba.
- Es que tengo miedo quedarme con las ganas como el otro día. Dije. - ¿Te quedaste con muchas ganas? - Sigo con muchas ganas. Y todavía vos te me venís así vestida. No sé qué voy a hacer para comportarme.
Ella se rió y cambió de tema. Tal como lo suponía se trataba otra vez de uno de sus juegos. Casi una hora más tarde estábamos recorriendo la segunda de las casas que le interesaban cuando nuevamente sacó el tema. Primero se sentó en un sofá que había en una de las salas y luego de cruzarse un par de veces de piernas como para que le viera todo lo que pudiera comenzó a hablar del tema nuevamente.
- Pensé que todo lo que me decías era para concretar el negocio. - Ya te lo dije el otro día que no se trata de hacer un negocio o no, sino de pasar un buen rato. - ¿Uno solo? - Eso depende de vos.
Sin darle tiempo a nada le tomé una mano y se la besé. Ella sonrió invitándome a más y entonces busqué su boca. Creo que al principio se sorprendió un poco, pero casi enseguida respondió a mis besos. Pronto nuestras lenguas se entrelazaban y mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo hasta llegar al hermoso par de tetas que me tenía loco desde hace varios días.
Como era de esperar estaban un poco blandas, pero el tamaño que tenían me volvía loco. Ella se limitaba a dejarse hacer todo lo que quisiera. Pronto mis dos manos recorrían su cuerpo en busca de sus zonas más íntimas. Al meter mi mano debajo de su falda noté que tenía un portaligas y unas prendas de encaje que pronto aparté de mi camino. Me encontré con una concha bastante peluda y jugosa.
Mara sólo gemía y besaba. Sin que le dijera nada se abrió de piernas para que mis dedos jugaran mejor en su interior. Podía sentir como se humedecían más y más a medida que jugaba con su clítoris y su concha. Aparté mi boca de la suya y me dirigí a sus pechos. Ella misma los sacó de su ropa, mostrándose enormes y deseosos de acción. Comencé a besarlos, a morderlos y a chuparlos con devoción. Mara acariciaba mi cabeza invitándome a devorarlos a la vez que con su otra mano empujaba la mía. Suspiraba y me pedía más.
Estuvimos unos minutos así hasta que casi llorando me dijo “me acabo mi amor, me acabo”. No tardó más que un par de segundos en expulsar un torrente de líquidos que empaparon mi mano. Yo seguí un poco más jugando con mi mano en su concha y con mi boca en sus pechos. Ella de pronto se acomodó en el sofá y me dijo: - Cogeme, por favor cogeme.
Me desnudé y la desnudé a ella. Ella me acarició la pija y me volvió a pedir que se la meta.
No quise hacerla esperar y me coloqué sobre ella con mi verga en la entrada de su concha. Comencé a jugar a rozarle el clítoris con la cabeza de mi verga y ella a pedirme que se la metiera de una vez por todas. No la hice esperar más y ante su pedido se la metí de toda de una sola vez, hasta el fondo. Ella dio un gran suspiro y empezó a moverse y yo a bombear. Primero lentamente, haciendo que sienta como mi verga entraba y salía de su concha, luego fui aumentando el ritmo paulatinamente.
Ella pedía que no pare y que se la meta toda. Pude sentir como acababa nuevamente y como sus líquidos esta vez empapaban mi verga. La saqué me acomodé y le pedí que se monte sobre mi. Ella obedeció y con mucha habilidad se montó sobre mi verga.
Me cabalgó como si la vida se acabara al otro día y casi enseguida tuvo otro orgasmo no tan intenso como los anteriores, pero muy bien gozado por cierto. Yo no aguanté mucho más y un par de minutos más tarde vacié toda mi leche dentro suyo.
Quedamos en esa posición un rato, besándonos y acariciándonos y sin sacar mi verga de su concha. Estábamos en esos juegos previos a otra cogida como la anterior cuando sonó su celular. Ella se sobresaltó y al ver que era el número de la casa se puso muy nerviosa. Como si el marido hubiera entrado en ese momento a la casa.
Habló unas pocas palabras y se vistió apurada. Yo no entendía nada hasta que me contó que era su esposo y que la estaba esperando en la casa, para ir a un té por un beneficio. Salimos prácticamente corriendo de la casa y me llevó hasta mi oficina. En el camino casi ni habló. Se la notaba muy nerviosa. Le pregunté que pasaba y me dijo: - Es que lo que acabamos de hacer no está nada bien.
- Lo que no está bien es quedarse con las ganas… - Perdoname, es que nunca le había metido los cuernos a mi esposo. Y la verdad es que me siento horrible. - No pienses en eso. Pensá en lo bueno que estuvo. ¿Te gustó? - No seas malo, no me preguntes eso.
Seguimos sin hablar hasta mi oficina. Al bajar nos dimos un beso y me dijo:
- No sé si es por el tiempo que hace que no hacía nada, pero me parece que fue la mejor cogida de mi vida. Me encantó. - Espero que no sea la última vez. - No sé, no creo que me anime otra vez.
Pasé el resto de la tarde pensando en lo que había sucedido y en lo bien que había estado. Sobre la hora de salida llamé a Mara para ver como estaba. Me habló poco y como queriendo sacarme de arriba lo mas rápido posible.
Al día siguiente cerca de mediodía apareció nuevamente, sólo que esta vez no venía sola. Venía con su esposo a quien me presentó ni bien llegó. El esposo era un hombre de unos ochenta años. Bastante más alto que ella y con pinta de ser bastante acaudalado. Volvimos a revisar los posibles negocios durante un buen rato. En determinado momento el hombre me preguntó por el baño, le indiqué como encontrarlo y se fue. Casi enseguida ella me dijo:
- Discúlpame es que si no veía con él estoy segura que terminábamos igual que ayer. No pude dejar de pensar en lo que hicimos ayer. Incluso ahora me cuesta mucho aguantarme y no comerte a besos como quisiera. Por eso lo traje, para aguantarme, para estar segura de que no iba a caer en la tentación otra vez. Perdoname pero me gustas mucho y si no le pongo freno no sé en que terminamos.
- A mi también me gustaría poder estar otra vez contigo. Pero más tranquilos si fuera posible. ¿Cuándo te parece que sea posible?
En ese momento volvió el esposo y continuamos con la reunión como si nada. Casi dos horas después terminamos cerrando el negocio. El hombre muy agradecido me invitó a cenar a su casa. Al principio me negué, pero ante su insistencia y a que Mara se sumó al pedido accedí.
Por la noche puntualmente como había quedado fui a la casa de Mara La verdad es que no tenía muchas ganas pero como lo había acordado decidí ir. La cena transcurrió normalmente. Yo no perdía de vista a Mara que estaba con un vestido negro apretado, ajustado y con un generoso escote que la hacía verse por demás apetecible. Trataba de disimular para que el esposo no se diera cuenta. Luego de la cena tomamos un café y conversamos un rato.
El esposo de Mara me dijo que tenía otro negocio para proponerme. Quería vender un apartamento que tenían en el centro y que hacía un par de meses que se habían ido los inquilinos y no quería nuevos inquilinos. Me pidió si le podia dar una idea del precio a lo que acepté gustosamente. Para mi sorpresa me pidió de ir a verlo en ese momento. Mara le hizo notar que era un poco tarde y que no me habían invitado para hablar de negocios.
Él insistió y volvió a sorprenderme cuando me dijo que lo mejor era que fuera con Mara, que como ya había paseado bastante por la ciudad mostrándole casas que paseara un poco más y de paso le hiciera el favor. Yo no le dí tiempo a nada y acepté. Mara quedó un poco desconcertada pero siguió el juego, creo que más que nada para que su marido no sospeche nada.
Cinco minutos más tarde estábamos rumbo al apartamento. Yo con mi cabeza a mil, con ganas de desviarme a algún hotel y volver a coger a Mara como el día anterior.
- Hoy si que no podés distraerte con las bellezas de la zona. Dijo ella. - Espero que el apartamento tenga una buena vista, como para que no me lamente por no haber visto a las bellezas de la zona. - Creo que te va a gustar lo que veas.
El apartamento estaba en un octavo piso. Subimos por el ascensor y yo la tomé de la mano para recorrer el pasillo que conducía desde este al apartamento.
Entramos y casi enseguida estábamos besándonos. Sin decirnos nada fuimos hasta el dormitorio donde luego de sacarle la ropa pude comprobar que Mara llevaba un lindo conjunto de encaje un poco más pequeño que el del día anterior y que por supuesto dejaba una vista más amplia de sus hermosas tetas. Ella no se quedó atrás y en pocos movimientos me desnudó. Comenzó a besarme el pecho y yo a manosearle todo su cuerpo. Pronto liberé sus tetas del sutién que las aprisionaba y saltaron ante mi que comencé a sobarlas a mi antojo. La tiré en la cama y le saqué la bombachita.
Comencé a trabajarle su húmeda concha al igual que el día anterior. Ella comenzó a pajearme y cuando mi verga alcanzó un estado de rigidez comenzó a mamarla. Lo hacía muy bien. Por momentos se la tragaba casi toda y la sacaba lentamente, por momentos me mordisqueaba la cabeza y me hacía ver las estrellas con los movimientos de su lengua sobre mi pija.
Pensé que iba a acabar en ese momento y entonces decidí prolongar más el momento. La acomodé en la cama y comencé a comerme su sexo mientras con mis manos sobaba sus tetas. Ella no paraba de jadear y movía sus caderas para aumentar el placer. Comencé a meterle un dedo mientras mi lengua trabajaba su clítoris. No tardó casi nada en acabarse. Esta vez recibí con sumo placer sus jugos en mi boca. Sin parar de comerle la conchita empecé a meterle un dedo en el culo aprovechando la lubricación que me daba su concha.
- ¡Eso no que me vuelve loca mi amor!
Con sus palabras no hizo más que estimular mis deseos de seguir jugando con su culito. Ella giró y volvió a chuparme la pija, esta vez mientras lo hacía, la ponía entre sus tetas y me hacía una rusa con sus dos tetazas.
- ¿Te gusta amor? - Si me encanta.
Siguió un poco más y luego se montó sobre mi como el día anterior. La comodidad de la cama permitió que se moviera con mayor libertad. Yo sentía como mi pija recorría cada centímetro de su concha que parecía más caliente que el día anterior. En un momento mientras le chupaba las tetas, la apreté sobre mi y comencé a bombear yo. Al quedar con el culito más para arriba aproveché a meterle un dedo en el culo. Podía sentir como mi dedo rozaba contra la verga que bombeaba en la concha.
- No pares que me acabo mi amor. ¡Seguí así que me encanta!
Casi de inmediato nos acabamos los dos en un sonoro orgasmo que retumbó por todo el apartamento. Descansamos un rato y ella comenzó a chuparme la pija nuevamente.
- Me encanta lo dura y caliente que se te pone. Dijo
Yo la dejé hacer un rato y luego me di vuelta para empezar a comerle la concha nuevamente. Quedamos en un sesenta y nueve de película. Ella volvió a acabar y entonces la coloqué en cuatro patas y la penetré violentamente. Comencé a bombearla y a decirle lo mucho que me gustaba cogerla y a apretarle los pechos que iban de un lado a otro a causa de mis embestidas. Ella sólo pedía más y más y que no parara.
Empecé a jugar con mi dedo nuevamente y pronto tenía dos dedos en su culo. En ese momento ella me dijo:
- Si lo vas a hacer no tardes más. No me hagas desear más.
Y no la hice desear más. Comencé a penetrarle el culo lentamente. Le metí la cabeza y ella pegó un gritito. Esperé un poco y continué con el resto de la pija. Hasta tenerla toda dentro. Volví a esperar un momento y comencé a bombearla lentamente. Ella se quejó un par de veces y le pregunté si le dolía y si quería que se la sacara.
Me dijo que si se la sacaba me mataba. Así que empecé a aumentar el ritmo de mis bombeadas, a la vez que le metía un par de dedos en su concha. Mis dedos se encontraron con un par de dedos suyos y entre los cuatro lograron que tuviera un par de orgasmos más antes de que acabara yo. Volví a vaciarme dentro de ella, solo que esta vez fue en el hermoso culo que tenía.
Quedamos tendidos en la cama rendidos por el esfuerzo. Ella me decía que hacía mucho que no cogía de esta forma y que pensaba que no podía aguantar tanto como lo hizo.
Luego fuimos a darnos una ducha y entre manoseos y besos me pidió que volviéramos a la cama que quería darse un gusto.
Me pidió que me tendiera sobre la cama y comenzó a chuparme la pija. Me dijo que quería conocer el sabor de mi leche y que quería que me acabara en su boca. Fue una de las mejores chupadas de pija de mi vida. Me la besaba, se la tragaba toda y jugaba con su lengua como una experta mientras con sus tetas me hacía otra rusa.
Así estuvimos un rato hasta que me preguntó si quería acabarme y le dije que sí. Así que ella aumentó el ritmo de la chupada. Yo no pensaba que tuviera mucha leche a esta altura, pero para mi sorpresa tenía más de la que pensaba y pronto vi su boca con varios chorros de mi leche que recibió gustosa.
Nos dimos otra ducha en la que le devolví la chupada y la penetré nuevamente por delante y por detrás y cuando volvimos al cuarto eran casi las tres de la madrugada. Ella se vistió rápido y me pidió que la llevara a su casa. En el camino me dijo que esperaba que el marido estuviera durmiendo que si no, no sabía que decirle.
También en el viaje me la volvió a chupar y como mi verga respondió casi cuando estábamos llegando a la casa me terminó la mamada en la puerta de su casa. Se despidió de apuro, me agradeció por la noche y se metió para su casa. Yo me fui para casa fundido y dormí como no lo hacía en meses.
A la otra mañana la llamé y me dijo que estaba todo bien, que el marido estaba durmiendo cuando llegó y que ella le dijo que había llegado mucho más temprano de lo que llegó.
Esa tarde volvimos al departamento y luego de una buena cogida le di la cotización del mismo. Desde ya quedamos que mi comisión aparte del 3% será un par de noches y de tardes como las que tuvimos.
De todas formas le estoy cobrando por adelantado…







