aBsTrAcTo
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 735
|
 |
« en: Octubre 19, 2007, 10:31:54 » |
|
Me llamo Sylvana, soy una mujer común y corriente, esposa, madre de dos hijos universitarios, uno en otra ciudad y el otro en el extranjero. Mi esposo (53 años), es dueño de una pequeña industria, vivimos tranquilos y sin mayores sobresaltos. Él padece una enfermedad crónica que aunque no es grave, lo obliga a mantener una vida ordenada y sin excesos. Yo paso sola todo el día, hago algo de gimnasia en casa, luego voy de compras, que en realidad es una excusa para salir y distraerme un poco. Desde chiquilla tuve dotes de escritora, hacía cuentos y pequeñas novelas que me destacaban en el colegio. Además, siempre llevé un diario de vida, en el vertía todo cuanto me ocurría, incluso aquellas cosas más intimas. Ahora, con el modernismo, tengo un computador que ha reemplazado al viejo cuaderno y sigo escribiendo, algunas cosas comunes y otras más personales.
Debo confesar que mi vida sexual no es tan intensa como lo fue antes, pero la mente sigue funcionando y tengo fantasías que me acosan cada vez con más insistencia, algunas se las he confesado a mi esposo cuando estamos en la cama, hasta ahora lo ha tomado bien, incluso lo excitan. Claro que no le he contado detalles, algunos podrían molestarle o herirlo.
A veces dormida sueño cosas, otras mi mente vuela mientras estoy despierta, imagino escenas excitantes, muuuuy excitantes, en eso, paso largos momentos de mis solitarias tardes. Me pregunto que haría si se dieran las ocasiones que imagino, no sé, creo que me lanzaría con todo, a esta edad estoy decidida a no dejar pasar ninguna oportunidad de gozar la vida.
Navegando por la Internet he visitado sitios de literatura y otros de simples relatos de gente aficionada. De ahí me nació la idea de compartir algunas de mis paginas más intimas. No sé si todas las mujeres como yo tengan cosas parecidas en su mente, sería interesante saber si todas pasamos por lo mismo o es que yo soy demasiado "apasionada". Perdón de antemano si alguien se siente ofendido, no es esa mi intención, comprendan que la mente es un laberinto y no siempre nos lleva por los caminos que quisiéramos. Como consuelo, si sirve de algo, probablemente mucho de esto nunca pase de ser solo una fantasía. En fin, voy a abrir algunas paginas de mis secretos.
Ahora por ejemplo, recordaré una de mis "películas mentales" favoritas: resulta que tengo un sobrino, no importa el nombre, tiene 18 y vive en otra ciudad (todo eso es real). Imagino que está pasando un tiempo de sus vacaciones en mi casa (perfectamente algún día podría ocurrir). Cuando mi esposo está trabajando (todo el día) pasamos juntos en casa, me ayuda con los quehaceres o simplemente me acompaña, si salgo él va conmigo, vamos de compras, al banco, etc. Siempre me mira embelesado, es tan dulce, y aunque cree que no lo noto, lo he sorprendido mirándome la anatomía. No me creo ni soy nada espectacular, pero tampoco estoy mal para mis 45,... y algo debo tener que le atrae.
Después de pensarlo un poco decido divertirme provocándolo. Estoy decidida a calentarlo. No se crea que me excitan los niños, jamás, no soy pedófila o como se diga, simplemente creo que alguien que seguramente se masturba todos los días pensando en el sexo, ya no es un bebé. Además, quien lo oye hablar y ve su cuerpo alto y atlético (hace mucho deporte),se da cuenta enseguida que ya es un hombre. Y por último, prefiero que se entretenga conmigo antes que con alguna desconocida. Todo empieza cierto día que estamos solos en casa, cuando se levanta y baja a tomar desayuno, yo estoy en la cocina. Intencionalmente no me había puesto mi pijama de costumbre ni mi vieja bata regalona. En cambio, llevaba mi camisola blanca de seda, es corta, me llega apenas a mitad de los muslos. El chico nunca me había visto así, se queda perplejo aunque trata de disimular su nerviosismo.
Yo actuando completamente natural lo saludo con un risueño -- "buenos días... siéntate que te traigo tu café", cuando le doy la espalda para servirle me percato que mis pezones se habían levantado enormemente marcándose con descaro bajo la suave tela, mientras, siento su mirada desde atrás. Dudo un segundo pero me armo de valor, me volteó y caminando hacia él con el tazón, le digo: -- "que lindo día no te parece?", él sonrojado, solo sonríe tímidamente, me siento frente a él mirando distraídamente hacia el jardín. De reojo veo como no aparta la vista de mis prominentes botones, y eso me pone sumamente caliente. El momento es muy tenso, aunque ambos disimulamos.
Decido avanzar un poco más, no sé de donde saco la ocurrencia pero le digo emitiendo un pequeño quejido -"ayyyy... creo que anoche dormí mal y amanecí con el cuello y los hombros adoloridos, podrías masajearme un poquito?". Él inmediatamente se levanta colocándose tras de mi que permanezco sentada. Suavemente comienza a acariciarme los hombros, yo me quedo quieta, saber que desde su posición tiene una generosa perspectiva de mi escote aumenta más mi excitación. Después de un rato exclamo levantándome -- "mmmmmm, que rico... ahora voy a darme una duchita caliente, muchas gracias", y salgo hacia mi pieza en el segundo piso, no puedo mirar pero apuesto que tiene un bulto levantándole el pantalón de pijama.
Ya en la ducha, repaso cada momento, sin poder evitarlo me enjabono largamente la entrepierna, mis dedos provocan verdaderos choques eléctricos que tensan todo mi cuerpo. Me enjuago y rápidamente me seco, me envuelvo en una toalla no muy grande, me miro al espejo como pensando que hacer y cogiendo mi botella de loción salgo y lo llamo -" sube a masajearme otro poquito porfa...", puedo escuchar como el sube corriendo las escaleras.
Cuando entra a mi pieza yo estoy parada junto a la cama envuelta con la toalla que apenas tapa hasta donde comienzan mis piernas. Le digo con la mayor naturalidad que me es posible - " me gustaría con esta loción..., yo me la aplico y tu la esparces ¿ya?", puedo darme cuenta de su nerviosismo cuando responde solo moviendo la cabeza.
Comienzo por mi hombro, vierto unas gotas que comienzan a rodar hacia mi espalda, el se apresura a esparcirlo con manos temblorosas, luego extiendo un brazo y aplico otras gotas que el frota suavemente y en silencio. El aroma a flores de la loción inunda la habitación, nosotros continuamos con lo nuestro. Con voz suave le digo -"esta loción es muy especial, debe frotarse bien para que se absorba, y no dejes que se escape ni una gotita porque es cara..."
-"ya tía", responde sin mirarme a los ojos. Ahora mi otro hombro, luego el brazo, el continúa masajeando. Con preocupación y disimulo miro el precario pliegue que sostiene la toalla, no lo sentía muy apretado, aunque estaba cumpliendo su función. No pude aguantar y quise probar los limites del juego, levanto una pierna apoyando la rodilla sobre la cama y vierto algunas gotas que ruedan por mi muslo, el sin decir nada se sienta en la cama frente a mi y manosea mi extremidad, eso si, desde la mitad hacia abajo, hasta la rodilla. Levanto un poco la toalla y vierto algunas gotas muy arriba en mi muslo, él obedece y procede. Sentir sus manos a pocos centímetros de mi intimidad me volvía loca. Repito el mismo ritual en mi otra pierna, el trabajaba en absoluto silencio, sus mejillas estaban rojas como un tomate.
Yo ya no podía más, no podía controlarme, frente a él vierto unas gotas en mi cuello, sin ponerse de pie (supongo que para que no se le note la erección que seguramente tiene), se apresura a esparcir la loción, luego repito la aplicación en el mismo lugar pero apretando ligeramente la botella. Sale un pequeño chorrito que de inmediato comienza a escurrir hacia abajo alcanzando el canal entre mis senos. En su prisa por atrapar el liquido comienza a mover rápida y torpemente sus manos por la parte alta de mi pecho, junto al borde de la toalla.
De pronto, el pliegue de esta cede y mi única prenda cae dejándome completamente desnuda frente a él. Por algunos segundos ninguno dijo ni hizo nada, parecieron eternos, yo de pié sin intentar cubrirme, y él sentado viéndome toda, mis grandes senos, mi concha totalmente depilada (siempre la llevo así), todo, todo mi cuerpo.. En ese momento sé que la situación dará un giro total.
Mirándolo fijamente a los ojos levanto la botella y vierto loción sobre mis senos, él comprendió la orden de inmediato. Sus manos comenzaron a amasar ávidamente mis pechos, deteniéndose largamente en los duros y levantados pezones. Luego, cuando derramo loción sobre mi ombligo dejándola rodar hasta mi vulva, el se lanza con ansía a mi parte mas intima, siento sus dedos paseándose con descaro entre mis labios vaginales, explorando mi hoyito, conmigo de pie y con las piernas separadas, tiene buen acceso a todo.
Dejo la botella y me acuesto junto a él abriendo mis piernas al máximo, con mis manos abro mi concha ofreciéndosela sin recato, mojada, rosada, abierta. Al verme así, comienza a lamérmela, yo emito gemidos de placer descontrolado, su lengua se introduce hambrienta de mi sabor, siento su nariz rozando mi clítoris, casi grito de pasión. Me siento en la cama y lo empujo suavemente hacia atrás dejándolo acostado, ahora puedo ver claramente su pantalón pijama levantado, con ambas manos se lo saco y queda ante mi su pico, parado y desafiante como un tronco, no excesivamente largo pero bastante grueso. Me arrojo sobre él, hambrienta de carne joven, mientras con una mano retraigo su forro al máximo, lo meto en mi boca y con mi lengua recorro toda su cabezota hinchada y deliciosamente suave.
Siento sus fuertes brazos que me toman y me llevan a sentarme sobre su cara, yo sin soltar mi golosina siento ahora su boca comiéndome la concha, estamos en un 69 gozando como locos, yo tomo y acaricio sus bolas, firmes, grandes, a ratos mi lengua también las recorre. Mientras, su lengua también tiene entretención, recorre alternadamente mi vagina y mi ano, ya que con sus manos mantiene separados mis glúteos y mis agujeritos se muestran impúdicamente abiertos ante él. No sé cuanto rato pasó, pero de pronto el comienza a lanzar chorritos de leche caliente en mi boca, yo saboreaba cada gota antes de tragarla, era deliciosa, leche fresca para rejuvenecer a una mujer madura.
Obviamente el encuentro no termina ahí, su juventud le permite recuperarse rápido (con algo de mi ayuda por supuesto), ansiaba tenerlo dentro de mí, sentirme penetrada por esa vigorosa y tiesa herramienta. Me entregué a él sin vacilar, me penetró de muchas formas, yo también lo monté como a un caballito salvaje, culeamos todo el día y tuvimos muchos orgasmos, casi todos acompañados de gritos ahogados en un beso, de esos calientes con las bocas abiertas a tope y las lenguas entrelazadas...
Esta fue mi "película mental" favorita...
Autor: australbodyxxx
|