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« en: Octubre 19, 2007, 10:27:48 » |
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Hola a todos me llamo Sergio y soy de Cádiz, actualmente tengo 30 años y esto que os relato pasó hace dos. Soy una persona completamente normal, 1.75, moreno y ojos castaños, uno de mis vicios es el gimnasio me paso horas en el pero casi no toco las pesas, no me gusta ser llamativo, prefiero deportes que me mantengan en forma, activo y ágil.
Acababa de comprarme un pequeño apartamento y estaba montándolo poco a poco con muebles de bajo presupuesto e incluso con algunos que mi familia ya no necesitaba. Una tarde me encontraba restaurando una estanterÃa que me habÃa regalado una tÃa, era algo vieja pero con un poco de lija y barniz me servirÃa para mis libros y CDs. Pues bien estaba ensimismado en mi trabajo cuando sonó el timbre, era mi prima Raquel, yo ya no me acordaba que cuando me pasé a saludarla por la tienda en la que trabaja, la cual me viene de camino al mercado, me dijo que querÃa conocer mi casa, ya que le hacia mucha ilusión ver como sus primos pequeños se iban independizando.
Raquel tenia por entonces 38 años, y habÃa sido el icono sexual de mis primeros años adolescentes, yo no necesitaba mujeres vistas solo en revistas ni artistas que jamás conocerÃa, la tenia a ella cerca todos los dÃas en sus veinte años era el bombón más apetitoso que podÃa imaginar, no puedo recordar el número de veces que me toque pensando en ella, pero todo eso se me pasó cuando se casó, creo que fue también mi primer desengaño. Ahora pese a tener dos hijos, se mantenÃa de muy buen ver y gracias a su carácter tan alegre aparentaba menos años de los que tenÃa.
"Hola Sergio, veo que te has olvidado de que venÃa esta tarde".
"Lo siento se me ha ido la hora, pero pasa, que te enseño la casa".
La verdad es que estaba magnifica, Raquel medirá 1.60, castaña con el pelo rizado, y unos grandes ojos marrones. Venia vestida con unas mallas ajustadas de color negro y una camisa blanca abierta por la que se vislumbraba su generoso escote, creo que se me fueron los ojos un par de veces y estoy seguro de que al menos una vez ella se dio cuenta. Al entrar me dio dos besos en las mejillas rodeándome con sus brazos yo aspiré ese olor tan caracterÃstico de las mujeres ardientes, no me cabÃa duda ella lo era, es algo que yo sabÃa desde siempre. Lo que nunca entendà es como se pudo casar con el soso de MartÃn. Siempre ocupados con sus negocios, que si el Bar, la oficina, ¡joder! ¿Como puede tener desatendida a esta mujer? Pero si es casi una diosa, no en el sentido de las actrices, hay que verla en conjunto, esa carita tan risueña, esa boca pequeña y sonrosada, ese culo redondo con sustancia para poder agarrarse.
Le enseñé mi apartamento que es más bien pequeño y nos sentamos en el sofá cama.
"Vaya primito veo que te has preocupado por que lo primero sea la cama, no debes perder el tiempo con tus amiguitas".
No se si era yo o me pareció que el tono era más picante de lo habitual.
"Que va, no ligo tanto ojala. Bueno guapÃsima voy a darme una ducha para quitarme este sudor y te invito a una copa". Me metà en la ducha y salà solo con el albornoz. "¿Sigue tomando Vodka con limón?".
"Si por favor, bien cargado, hoy tengo necesidad de un trago". Otra vez me pareció escuchar ese tono que me estaba poniendo a cien, yo ya tenÃa una tremenda empalmada que me temo se me notaba a través de albornoz, servà dos copas y me senté junto a ella. Ella dirigió la mirada hacia mi entrepierna mientras vaciaba medio vaso de un solo trago.
"Vaya primo se te ha ido toda la sangre para el mismo lugar, ¿es acaso culpa mÃa?, pobrecito deja que te alivie un poco".
Esto lo dijo con sus grandes ojazos mirándome con fulgor y acariciándome mi polla por encima del albornoz.
"Uy como estás y pensar que llevo un mes de sequÃa" mientras decÃa esto se pasó la lengua de forma sugerente por esos labios que yo estaba loco por probar. Yo iba a reventar, no aguantaba más. Me levanté y le dije mirándola fijamente.
"Mira Raquel, estoy que no aguanto más o lo tomas todo o deja de ponerme más cachondo". No creÃa que esas palabras hubieran salido de mi, debÃa ser por la mezcla de alcohol y feromonas que tenia en el cerebro. Acto seguido Raquel se levantó con los brazos en jarra. Ya está ya la tengo liada con la mala leche que tiene cabreada. Pero para sorpresa mÃa se quitó los zapatos y la camisa dejándome ver esos pechos turgentes con los que tantas veces soñé, se puso de rodillas y metió su rizada cabeza entre mis piernas.
"Tus deseos son ordenes Sergio". Dijo mientras me agarraba mi pene y se lo metÃa suavemente en la su boquita, que forma de mamármela, lo hacia suavemente con cariño, se recreaba con mi polla, la sacaba poco a poco pero nunca del todo, pasaba su lengua por mi glande, que suavidad.
"Tenias ganas, verdad cabroncete, tenias gana de que tu prima mayor te la chupara". Que lascivia habÃa en su voz.
"Si puta, siiiii, pero para cabrón tu marido, que pasa ¿se ha vuelto maricón o que?". Le aguantaba la cabeza para dirigir el ritmo de la mamada. "No lo hagas tan fuerte que me voy a ir, proooooooooooonntooooooo".
"Da igual vete que yo te la levanto en un momento, pero no me manches la ropa".
No aguanté más menuda corrida y me fui en su cara completamente. Ella se limpió con dos dedos y se los metió en la boca.
"Que rico postre tenÃas para mà Sergio, ahora te toca a ti comer algo".
Se quitó las mallas y me dejó ver ese coñito rasurado, era perfecto me lancé de cabeza a él y le fui dando lametones de vez en cuando hasta introducÃa me lengua, cuando lo hacia Raquel aullaba como una perra.
"Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, más, dámelo todo, fóllame a que esperas, reviéntame toda, primooooooooooooooooooooooooooooo".
Yo ya estaba otra vez con la polla como el mármol asà que paré de chuparle el coño y le di la vuelta, la puse a cuatro patas y sin ningún miramiento se la introduje hasta el fondo, ya habÃa parido dos veces la muy puta asà que estaba bien abierta y no tenia ganas de delicadezas.
"aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaggggggggg, como quema, asà fóllame como la perra puta que soy, no muestres cariño".
Raquel se contorsionaba como una serpiente para meterse mi poya hasta el fondo, yo la agarré por los pelos y la cabalgué durante veinte minutos en los que se cumplieron los sueños de mi adolescencia. Cuando estuve a punto de correrme de nuevo, se la saqué y ella se volvió.
"Quiero todo tu semen en mi boca, no desperdicies nada o no volveré nunca por aquÃ".
Para evitar desperdiciar nada le introduje mi pene en su boca y me corrà dentro, ella lo limpiaba con devoción tragándoselo todo. Cuando nos dimos un beso en la boca, se vistió y terminó el resto del vodka aguado y me dijo:
"Creo que mañana me pasaré por aquà tengo una mesa vieja que ya no me sirve y quizás a ti si"
Y se pasó a la tarde siguiente y esta vez me pidió que le partiera esa parte de su cuerpo por la que el cabrón de su marido no querÃa metérsela, pero eso os lo contaré otro dÃa.
Autor: Leunam de Cádiz
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